ESTÁ EN TU MANO

Golpear: 283

Soy periodista y estudiante de Historia del Arte. De esta afirmación podéis sacar dos conclusiones. La primera, que no soy muy práctica. La segunda, que creo que un mundo mejor es posible. Lo he comprobado varias veces en los cerca de siete años que llevo trabajando en Televisión Española. Uno de los mejores momentos de mi corta carrera fue en el que recibí la llamada del escritor José Luis Olaizola, al que había hecho una entrevista sobre su ONG Somos Uno: Contra la prostitución infantil en Tailandia. “Un hombre ha escuchado el reportaje y me ha llamado inmediatamente decidido a pagar la carrera universitaria a una de nuestras niñas” me dijo con una alegría contagiosa. Qué gran decisión la de emitir ese reportaje y qué banal parecía cuando la tomé.

“Marta

La semana pasada hice otro sobre el cada vez más frecuente cierre de los comercios en las ciudades pequeñas. Salí a la calle a preguntar a los vecinos qué pensaban del fenómeno. Todos contestaron reivindicativos. “No hay derecho que para comprar nos tengamos que ir a Madrid o Valladolid”, “están dejando morir a la ciudad”, “y más que se van a cerrar”. Solo una mujer a la que le calculo unos treinta y tantos, se paró a pensar unos segundos antes de contestar: “Quizá deberíamos intentar comprar en las tiendas que quedan”. Os aseguro que es muy poco habitual ver a la gente preguntarse qué puede hacer para mejorar las cosas. Resulta mucho más fácil, casi un acto reflejo, culpar de todas nuestras desgracias a los políticos, a los bancos, a los medios de comunicación… En definitiva, a los demás.

“Marta

Durante los meses que pasé en Inglaterra conocí a una chica muy comprometida. Vivíamos en Bristol, frente a un Primark que haría palidecer al de la Gran Vía de Madrid. Ella, que por cierto tenía un estilazo, siempre compraba la ropa en tiendas de segunda mano con fines benéficos, una costumbre nada extendida en España. Frente al escaparate de la franquicia me dijo: “Para que un pantalón cueste 10 libras tiene que haber alguien sufriendo en el mundo”. Nunca olvidaré ese comentario.

Hace ya varios años tuve la oportunidad de entrevistar a Marcos Cao, compositor y cantante de “La sonrisa de Julia”. Llegaba al plató de televisión encantado porque acababa de abrirse una cuenta Premium en Spotify, lo que nos llevó a debatir hasta qué punto merece la pena pagar por algo que puedes tener gratis. El cantante hizo la siguiente reflexión: “El poder está en el pueblo. Pero no en su voto si no en su bolsillo”. Si eliges pagar la suscripción de plataformas como Spotify o Netflix en vez de buscar el contenido pirata, estás votando por la cultura. Lo mismo haces cuando decides ahorrarte los nueve euros de una copa para gastarlos en el concierto de ese grupo nuevo tan prometedor que toca en una sala pequeña o en una entrada de cine. Si además es para ver una película española me muero de la emoción.

Esta filosofía se puede aplicar a casi todas las decisiones que tomamos en nuestro día a día. Cuando compras las naranjas en la frutería del barrio, cuando rebuscas en los estantes de esa pequeña librería en lugar de en el catálogo de Amazon, cuando eliges el menú del día de ese restaurante tan cuco frente al del McDonald o cuando apuestas por marcas de moda ecológica hecha en España como London 717 frente a los jeans de diez euros de ciertas franquicias.

“Marta

No entiendo la vida sin un Big Mac de vez en cuando, pero pensemos un momento en cómo es el entorno en el que queremos vivir y apostemos por él. Con cada decisión, por pequeña que sea, estaremos cambiando un poco el mundo. Podrá ser mejor o peor, pero será el que hemos elegido.

Autora: Marta Ingelmo, periodista de Televisión Española y estudiante de Historia del Arte

Twitter / Facebook / Instagram


comentarios

Deje su comentario