LA SALUD, UNA CUESTIÓN BIOPSICOSOCIAL

Golpear: 510

La salud: una cuestión biopsicosocial

Cuando hablamos de salud es recurrente relacionarla con la ausencia de enfermedad o con la medicina y los chequeos médicos. Muy lejos de eso, la salud está principalmente determinada por los factores asociados a los estilos de vida y el entorno. Ya en 1948 la Organización Mundial de la Salud (OMS) definió la salud como el completo bienestar físico, psicológico y social de las personas.


Salud y estilos de vida

Los estilos de vida tienen una relación directa y fundamental con la salud. Entendemos por estilos de vida los comportamientos habituales de las personas en sus tres dimensiones fundamentales: pensamientos, emociones y acciones. Lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos son factores que dirigen a la persona en su vida y en la salud.


Salud y el entorno social

Los estilos de vida saludables no vienen prefijados por los genes. Factores como la educación recibida, el nivel socioeconómico, las relaciones interpersonales, los grupos sociales a los que pertenecemos, la comunidad en la que residimos, el trabajo que desarrollamos o el medio ambiente que nos rodea determinarán en gran medida las formas de actuar ante la vida. Por tanto, podemos decir que la salud en gran medida es una consecuencia de ciertos patrones de comportamientos como la actividad física regular, alimentación sana (“comida real”), descanso y control de productos tóxicos como el alcohol o tabaco. Pero al mismo tiempo sabemos que estos patrones de comportamiento están fuertemente influenciados por el entorno de las personas, por cómo viven, se educan, trabajan, se relacionan o disfrutan del ocio, además del nivel socioeconómico o el medio ambiente que les rodea.


La ilusión de la “libre voluntad ilimitada”

Con el año nuevo la gente se plantea buenos propósitos pero no todo el mundo consigue realizar cambios positivos en su vida. Hoy en día la gente sabe muy bien que la actividad física regular tiene un impacto enorme en la salud, pero aun así la sociedad actual es la más sedentaria en toda la historia de la humanidad. En lo que se refiere a hábitos de vida, las “buenas ideas” no siempre se traducen en “buenas acciones”. Ejercitarse no es sólo una cuestión de voluntad. Las personas adquirimos y mantenemos hábitos a lo largo de nuestras vidas que son muy difíciles de cambiar a pesar de disponer “buenas ideas”. Querer no siempre es poder y en estos casos la “libre voluntad ilimitada” se convierte en una ilusión y corremos el riesgo de culpabilizar a personas por su apatía ante el cambio, o de su falta de voluntad.

“Edificaciones


Los hábitos de vida, la educación emocional y un mundo más equitativo

Los hábitos de vida dañinos (uso inadecuado del alcohol o alimentos ultraprocesados, la inactividad y el sedentarismo), se relacionan más con personas que viven circunstancias psicológicas o sociales desfavorables y que al mismo tiempo disponen un pobre abanico de estrategias de afrontamiento productivas (por falta de recursos económicos, por falta de redes sociales, por una pobre educación emocional). Debido al malestar psicosocial que pueda estar viviendo la persona y la falta de recursos para afrontarlo, puede desarrollar un sistema de excesiva sensibilidad hacia la recompensa inmediata como forma de aliviar el sufrimiento. Cuando esto sucede, se antepone el placer y alivio del sufrimiento a corto plazo (inactividad, alcohol, tabaco, ultraprocesados) al bienestar a largo plazo (actividad física, “comida real”…).

La educación emocional es fundamental para la adquisición de estilos de vida saludables. La mayor parte de los problemas de nuestra vida se deben a una pobre gestión emocional. Las personas usamos estrategias de afrontamiento ante el estrés y el estado de ánimo bajo del día a día, de forma consciente o inconsciente. De alguna forma el estilo de vida acaba siendo una herramienta para mitigar el malestar emocional. Lo ideal por tanto es aprender comportamientos productivos y saludables para aliviar ese sufrimiento. Las personas con malos hábitos deben aprender a obtener placer en sitios distintos a la comida ultraprocesada, alcohol o inactividad; aprender a tolerar el disconfort que les produce ciertos hábitos saludables (actividad física, comer ciertos alimentos), y aprender a gestionar sus emociones y su conducta.

Pero al mismo tiempo para incrementar de una forma significativa la salud y el bienestar de la gente es fundamental reducir las desigualdades sociales y crear un mundo mejor, más universal, equitativo y sostenible.

Autor: Unai Arrieta
Psicólogo para una Vida Activa

Enlaces sobre el autor:
Facebook  / Twitter / Web


comentarios

Deje su comentario