POR UN MUNDO CON MÁS SONRISAS

Golpear: 672

No recuerdo exactamente el día, siento ser tan poco precisa, pero sí con absoluta claridad el momento en el que me di cuenta de la importancia de algo tan simple. Sucedió así:

- Abuela, ¿sabes quién soy? – Le pregunté sonriendo.

La palabra ‘abuela’ ya era bastante reveladora, intentaba darle pistas pero ella, mi abuela, ya estaba perdida de la cabeza. Es increíble lo vulnerables que somos.

- No. – Me contestó sorprendida, pero con una sonrisa risueña en sus ojos que pronto trasladó a sus labios, radiante, luminosa, contagiosa.- No tengo ni idea, pero me parece que eres una señorita muy simpática.

- ¿Por qué? – Le pregunté curiosa.

- Porque me has hecho sonreír.

A partir de ese momento, su día mejoró sustancialmente. Y entonces supe que un pequeño gesto puede suponer mucho.

Esta fue una de las muchas conversaciones que mi abuela y yo tuvimos desde que todos nos convertimos en auténticos extraños para ella. Vivía en una residencia, y la mayor parte del tiempo lo pasaba mirando por la ventana, recordando lo que su mente mermada le permitiese recordar. Hasta que se fue, y su vacío lo llena desde entonces aquella sonrisa enorme que me dedicó aun no sabiendo quién era yo, su nieta.

No quiero que este sea un relato triste, en absoluto. Solo intento que sirva para concienciarnos sobre cómo hacer mejor la vida de los demás. Voy a hablar de la importancia de la sonrisa. Porque tiene un valor incalculable, y una fuerza tal, que es capaz de mover montañas (en sentido figurado, claro está).

Cada vez vivimos más rápido. Tenemos menos tiempo para quedar, charlar tranquilamente. La vida va tan deprisa que solventamos el día como podemos haciendo frente a las responsabilidades y poco más. Y algunas veces, también nos olvidamos de que nuestra cara puede ser amable. Afortunadamente, también hay personas que sonríen con los ojos, y te ponen una sonrisa en los labios.

“Edificaciones

Por ejemplo vosotras, creadoras de #London717, aunque en diferentes días. Tú, Eli, cuando ETB nos dio la oportunidad de cantar (y bailar) juntas un villancico. Recuerdo que acudí a la cita en Bidebieta nerviosa porque no te conocía. Sin embargo, tu enorme sonrisa cambió mi nerviosismo por tranquilidad, cosa que agradecí enormemente y me atrevo ahora a confesar. Y tú, Bea, cuando Eli nos presentó en Gros, el día que vuestra tienda de ropa y complementos ecofriendly echó a andar. Me encantó acompañaros, y veros sonreír. ¿Os imagináis cuán diferente hubiera sido todo si no habríais sonreído? Ese gesto en ese momento y todo cambió. Todo. Podemos hacer que un estado de ánimo varíe radicalmente con una sola sonrisa. Podemos, incluso, cambiar nuestro día si nos dedicamos una sonrisa a nosotras mismas. Pongamos en práctica algo tan simple como eso, y todo irá mejor. Seamos amables, no cuesta nada y los beneficios son infinitos. ¡Por un mundo con más sonrisas!

Autora: Sara Gándara
Periodista de EITB

Enlaces sobre el autora:
TwitterInstagram


comentarios

Deje su comentario