RESPETO, VALORES Y EDUCACIÓN PARA UN MUNDO MEJOR

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Tener la oportunidad de escribir en el Blog de 717 evoca en mí muchos gratos recuerdos relacionados con una de las artífices de este proyecto maravilloso cargado de buenas intenciones y harto de corazón.

Desde bien pequeña estuve vinculada al deporte y además de la mano de mi prima Beatriz con la que compartí además de competiciones deportivas, los mejores momentos de mi infancia.

Dos niñas fuertes y vivaces que amaban los animales, las aventuras, peleonas sí, pero siempre fieles a los principios y valores que nos inculcaron nuestros padres y madres, para nosotras... los héroes más grandes de todos los tiempos.

Beatriz sosegada pero firme y contundente, y yo impulsiva y arrolladora hacíamos el tándem perfecto.

Pasaron los años y como es ley de vida cada una siguió su camino pero el espíritu de lucha prevalecía en nuestro caminar.

Cuando conocí el proyecto de 717 solo pude sentir admiración y orgullo.

Desde una de las caras más superficiales de la sociedad como es la moda, la tendencia y la imagen en general. Estas se apoyan en valores tan importantes como el espíritu deportivo, la igualdad (en todas sus vertientes) y la concienciación con el entorno que nos rodea, así como la empatía con los que sufren a nuestro alrededor.

En mi caso en particular, siempre tuve una sensibilidad especialmente vulnerable cuando de niños, ancianos y animales se trata, a mi entender los más desprotegidos de nuestra sociedad.

Una mañana de otoño estaba en el trabajo con los nervios a “flor de piel”, se trataba del “primer martes después del 8 de septiembre” del año 2013, día de celebración del tristemente conocido Torneo del Toro de la Vega.

Muchas personas allí protestando e implorando por la vida y los derechos de Vulcano, el toro que perecería ese día víctima del más desastroso de los divertimentos.

Pasé la mañana con la esperanza y la ilusión de que el torneo se suspendiera, mirando cada vez que el trabajo me lo permitía como discurría el torneo.

Finalmente acabó con la muerte de Vulcano y sentí un escalofrío, sentí el mundo caer bajo mis pies.

En ese momento entendí que algo no estaba bien en el mundo, que había una parte muy oscura que infectaba al resto y que no podía permanecer impasible ante tales hechos.

Comencé a informarme, a procurar gente que pudiera orientarme y decidí emplear mis energías y mi tiempo libre en la defensa de los animales y sus derechos.

“Edificaciones

Empecé a concebir a cada ser con capacidad de sufrir y de disfrutar la vida como un individuo independiente al margen de su especie, su raza, su sexo o su edad.

La vida de un perro no vale más que la de un ternero, un hombre no vale más que una mujer y un europeo occidental no vale más que un refugiado sirio.

A mí entender, la base del respeto reside en un dicho popular muy simple pero a la vez muy sabio “Haz el bien y no mires a quien”.

Participando con diferentes asociaciones, protectoras y particulares tuve la oportunidad de ayudar a muchos animales y finalmente terminé por formar parte del partido animalista PACMA. Con ellos he tenido la oportunidad de luchar de manera más contundente con la ventaja del poder, que un partido político ampliamente respaldado por la sensibilidad de muchas personas en este país, entraña.

“Edificaciones

A veces me preguntan porque los animales y no otra lucha. No sabría responder el “porque”, creo que ellos son los que más sufren el abuso de dominio que nuestras capacidades superiores nos infieren.

Entiendo la injusticia como la injusticia, sea quien sea la víctima, la violencia como violencia independientemente de a quien vaya dirigida. El respeto lo considero obligatorio hacia todo lo que nos rodea.

A mí parecer cuando entendamos esto y eduquemos a los más pequeños (y a los mayores también que para aprender y mejorar en la vida no hay edad) en el respeto y en la “no violencia” todo discurrirá de manera óptima para todos.

No será fácil porque el daño es profundo y las costumbres están muy arraigadas pero no es imposible.

Proyectos como 717 hacen de este mundo un lugar mejor y colman mi lucha de esperanza.

Autora: Lucila Fernández
Estudiante de Psicología.

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